viernes, 27 de enero de 2017

Coherencia

La palabra "coherencia" viene del latín "coherentia" y designa la cualidad de lo que presenta una conexión o relación interna y global de sus distintas partes entre sí.  Está llena de sentido y lo impregna todo cuando está presente. Cada pieza ocupa su lugar entre los dientes del engranaje, el TODO viene a la vida, enciende sus motores y sale afuera.  La coherencia genera  EL movimiento.
Su falta, sin embargo, nos saca a las calle con las escotillas abiertas, vamos perdiendo el espíritu, locas por llegar a "alguna parte".  Insistimos en tatuarnos la dirección del destino, memorizamos los pasos a seguir...pero no avanzamos. Ni siquiera nos movemos. No hubo asamblea que decidiera un rumbo. De las partes del todo, una no estuvo de acuerdo. Si habló, no la escuchamos. Y así vamos. De error en error, de oca en oca y actúo "porque me toca".

Una estación ahoga a la siguiente y continuamos buscando la salida en el laberinto del comprender. Una y otra vez vomitamos un discurso que no sabe hablarle a los pies. Decimos, y creemos que decimos, y decimos que creemos lo que decimos...pero ahí quedan nuestros pies, como un taxista sordo, no nos llevan a ninguna parte.
Ponte un espejo delante. Obsérvate. Hazlo bien. Clávate si hace falta al suelo, pero no huyas de lo que no gusta. Coge la pieza que más odies y trágatela. Siente como araña tu laringe, como quema en tu estómago y cómo remueve tus tripas. Déjalo ahí hasta que se funda y, entonces, permite que nade en tu sangre, que te recorra entera. Son las mejores vitaminas que puedes tomar, el mejor reconstituyente, la medicina sagrada que te dará algo de luz para salir del laberinto. 
Y quizá entonces, tu boca se calle y por fin hable solo hacia dentro. Y puede que tus pies la escuchen, y todas las partes caminéis juntas. Y puede que no haya una meta, porque no la necesitas. Viniste a caminar con herencia, no a perseguir un p--o objetivo.
Spider rock, Canyon de Chelly, Chinle, territorio Navajo, Arizona


miércoles, 28 de diciembre de 2016

Felices fiestas, ¿para tod@s?

A lo largo de esta vida he tenido la oportunidad de acompañar a personas en su proceso de partida. He podido hacerlo compartiendo y nutriéndome de la sabiduría de amigas que habían acompañado  a familias a recorrer juntas esa parte del camino. 
Los duelos son pérdidas. No tienes porque haber perdido a un ser querido para sentir que algo se ha roto y se ha ido para siempre.
En este punto del globo, no se estilan los rituales de pasaje y, sería algo muy bueno a incorporar a nuestra biografía. Significaría avanzar con salud, habiendo dejado atrás etapas, agradeciendo lo vivido y preparándonos para respirar donde estamos. Por ahora seguimos anclado al apego dónde, nos cuesta tanto soltar, que somos capaces de atarnos todo tipo de lastres emocionales que frenen cualquier evolución. El duelo apenas se contempla. Si acaso nos "permitimos" llorar un par de veces y bruscamente buscamos algo que "nos ayude a sobrellevarlo", lo tapamos. Bloqueamos la tristeza, nos tallamos media sonrisa en la cara y creemos ser valientes por querer seguir viviendo.
Pero la ausencia se percibe cada día. Va cambiando de tonalidad y de canción que, a veces reconforta y otras escuece más las heridas. Porque el vacío sigue dentro, y si no lo ventilamos se enmohece y nos amarga. 
De Grazia gallery, Tucson, Arizona
Estos días de diciembre, tan dulces para algunas y amargos para otros, reavivan la pérdida, entorpecen el duelo y, no por el anuncio del turrón, sino por la presión social y familiar.
Personalmente, yo me retiraría a un lugar remoto donde no se oyera una pandereta y, por supuesto, ni un maldito petardo. Le daría de comer a mi cuerpo sólo lo que él pidiera. Y prepararía mi espíritu para el año nuevo.
Me permitiría sentirme triste y llorar al borde de la deshidratación si así lo necesitara y, lo más importante, no me sentiría culpable por ello.
Hace semanas una de mis amigas pedía por facebook respeto para las personas que no quieren celebrar. Aquellas que necesitan que se respete su duelo y nadie las empuje a "animarse" y juntarse con amigos y familia para "no pensar en las cosas tristes". Recibió muchos mensajes de apoyo y respeto de tod@s sus amig@s y eso le hizo sentir que su tribu realmente la estaba acompañando en su dolor.

Si estás en un proceso, del tipo que sea, te invito a permitirte sentir lo que sientas. No necesitas dar explicaciones. Comunica a tu familia y amig@s que tu espíritu no tiene nada que celebrar sino que quiere largarse de la fiesta y refugiarse en un sitio seguro.
En España parece impensable que faltes a casa de tus padres en Nochebuena, lo sé, pero estar contigo misma, permitirte cuidarte y dejarte sentir lo que sientes va a ser tan liberador que cuando vuelvas podrás abrazar a los tuyos con el corazón (si te apetece, claro ;-) ).
Haz tu propio ritual, escribe sobre un recuerdo y revive las sensaciones. Vive la pérdida y sólo cuando estés lista, agradece y cierra con amor para poder seguir caminando.


martes, 27 de diciembre de 2016

Acompañar en el dolor

Acompañar en el dolor al otro supone ESTAR. Lo escribo en mayúsculas porque ESTAR significa que tu ser se conecta con el otro (no con su dolor) y está, en plenitud, a su lado, respirando al mismo ritmo. 
Acompañar en el dolor es mirar a los ojos y ver el vació que atraviesa el otro sin pensar en qué decir, en qué hacer.
Acompañar en el dolor es coger la mano de alguien que va a morir en unas horas y, mientras aún está consciente, escuchar sus miedos y acogerlos. Es abrazarle y agradecerle el camino compartido. También es llorar y decirle todas las cosas que echarás de menos y cuánto te hubiera gustado tenerle en este plano más tiempo.
Acompañar en el dolor es reconocerlo y darle el espacio que se merece. Es permitir que las paredes se tiñan de oscuridad y no tratar de pintarlas de otro color.
Acompañar en el dolor es permitir que la rabia reine por un día y rompa sueños y pierda toda fe en esta vida. 
Acompañar es sostener para que el dolor no sea lo último que trague la persona en vida.

Acompañar en el dolor es un acto que requiere mucha valentía y altas dosis de experiencia. Necesitas haber permanecido lo suficiente en el pozo para entender que algún día hallará una salida. Debes saber que el dolor es un compañero de viaje que puede ayudarte si le haces un hueco en tu vida, pero no permitas que se convierta en tu único amigo.

Escribo hoy ésto porque hace tiempo descubrí que no todas las personas pueden acompañar en el dolor. Y me siento bendecida por tener la capacidad de poder hacerlo. Tengo un tesoro, un don, una fuerza para acompañar. Y doy gracias al dolor por haberme hecho tan fuerte que puedo sostener el de otros de una manera tan genuina.

Si alguien a tu lado está sufriendo en una situación que tú ya viviste, recuerda que sabes que duele, pero no sabes CÓMO le duele.

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viernes, 16 de diciembre de 2016

La metamorfosis

Estas letras llevan años escritas esperando "el momento" para poder ser leídas. Los duelos son lo más único y personal de cada ser humano. Así es cómo yo viví uno de los míos, viéndoles jugar juntos y, aunque han crecido, creo que durante un tiempo fueron así:

Entre la paleta de flores ellos corren y saltan de la mano. Juan perplejo saluda a las grullas que han decidido alzar el vuelo. Jaime corre hacia su hermano y jugando lo tira al suelo. El mayor consigue sacárselo de encima con las cosquillas secretas y el pequeño Allan llega trotando con su incansable sonrisa. 
La princesa Irene canta mientras recoge flores para crear su propia paleta. Sus hermanos le llaman y Ella corre para que Juan le explique cómo los gusanos un día se convierten en mariposas.
 
Foto de Stefan Giuliani
Al lado de un árbol los cuatro se sientan. El mayor espera con paciencia a que Jaime y Allan se relajen. La princesa, sin embargo, tiene demasiadas ganas de oír la historia y regala un par de capones a los dos rubios traviesos. Juan resopla como su padre para captar la atención de todos:
-"Si queréis conocer la historia de las mariposas, tendréis que hacerme caso".
Y así los tres pequeños abren los oídos a las palabras de su hermano.
"Todo empieza con un huevo muy pequeño- y achina los ojos para mostrar que él apenas podría verlo - de ese huevo sale una larva que, cuando crece, se convierte en gusano y... vive su vida de gusano..."- Jaime interrumpe con una carcajada al pensar en lo aburrida que debe ser la vida de un gusano. Juan continúa: -"Luego, un día, el gusano sabe que se acerca el momento y empieza a hacerse una casa de hilo para descansar de su vida de gusano"- Jaime le da un codazo a Irene que tampoco entiende por qué la mariposa primero tiene que vivir una vida de gusano. Allan les manda callar para seguir escuchando al experto naturalista que, inflando el pecho, sigue relatando su historia: -"Mientras el gusano está encerrado en su funda, nadie sabe lo que pasa fuera, porque la magia se hace dentro. Lo que pasa es que la funda cada vez es más clara, hasta que se hace transparente y empieza a verse la transformación. Entonces un día, mientras los familiares gusanos lloran porque creen que su gusano se ha ido, la crysálida se rompe y una preciosa mariposa llena de vida sale volando hacia otro lugar".
-"¡Bravo! ¡Viva!" - grita Irene- "la mariposa ahora es libre y ya no tiene que vivir su vida de gusano".
-"¡Viva!- corea Allan. Y los pequeños se levantan y giran sobre si mismos con las alas abiertas sintiendo el aire bajo sus pies.
.

Juan sonríe imaginando cuánto les gustaría a sus padres ver jugar a los cuatro hermanos juntos. Sueña con poder algún día contarles cómo se quieren y se cuidan los unos a los otros.
Allan cae al suelo cansado. Ha sido una tarde llena de aventuras y es hora de volver al otro lado. Juan le coge de la mano y juntos se despiden hasta mañana de sus hermana y su hermano.
Irene y Jaime siempre vivirán jugando.
Al entrar en casa su mamá los espera preparando el baño: -"¿Os habéis divertido?" - y Allan corre a abrazarla gritando: -"Soy un gusanoooo".
En la cocina Papá está terminando la cena y Juan se pone de puntillas para abrazarlo y darle un beso. Quiere susurrar: -No estés triste Papá, que están muy bien - pero siente que aún no puede hacerlo.
Los cuatro sentados a la mesa comparten las cosas del día y, desde el otro lado del Arco Iris, Jaime e Irene los envuelven con su luz.


domingo, 24 de mayo de 2015

Mi jornada de reflexión

Andaba yo esta mañana paseando con Kine cuando he vivido una de esas situaciones que me nubla el alma; Una mujer con tres hijos entre 5 y 9 años ha salido de su coche. La nena - que tendría unos 7 años -se había dejado algo olvidado dentro y no había cerrado bien la puerta.  El tono de miedo de la niña para decírselo a la madre ya me hizo intuir que algo iba a pasar. Y no me equivocaba. La madre se ha girado y le ha gritado: -"¡Si es que eres gilipollas! Ahora a abrir otra vez todo el coche"...etc..etc..etc...La nena solo ha podido decir: -"Mamá, no lo he hecho aposta".
Yo estaba al otro lado de la calle y he sentido unas ganas tremendas de hacer dos cosas:
  1. Cruzar y abrazar a la niña y decirle al oído mil veces:"-Por supuesto que no lo has hecho aposta y ¿sabes qué? no pasa nada, a todos se nos olvidan cosas. Mamá debe estar muy nerviosa por algo y no ha querido insultarte. En realidad ella sabe que eres estupenda y se ha equivocado al llamarte eso tan feo. Cuando esté más tranquila puedes decirle que te sientes triste y no te gusta que te hable así".
  2. No sé si antes o después pero hubiera cogido a la madre de las manos y le hubiera dicho: sé que es duro, Es posible que tengas un montón de problemas en la cabeza, apenas descansas y estás muy nerviosa. Lo estás haciendo lo mejor que puedes pero tienes que tener cuidado, delante de tí tienes tres personas que se estan haciendo y tus palabras, tus gestos y tus actos pueden determinar la personalidad y su forma de moverse por la vida. Respira, busca otra forma de desestresarte, pide ayuda.

No he intervenido. No he hecho nada en ese momento. Pero no me siento mal. Presenciar esa escena primero me ha revuelto, pero luego me ha dado para mucha reflexión y espero generar algo de ello.


A lo largo de mi convivencia con los hij@s de mi pareja experimenté esos momentos límite; Estás agotad@ y no puedes entender por qué hacen algunas cosas y por qué se empeñan tanto en no hacer otras. Opté por trabajarme mucho a nivel personal, buceé en mi lado oscuro hasta encontrar algo de luz que aclarara tanta confusión. Es un viaje intenso y a veces doloroso, pero estoy aprendiendo mucho sobre mí. 
Desde hace tiempo ando buscando la forma de conectarme con mi niña y volver a pensar como lo hacía cuando tenía 10 años, Estoy intentando viajar a mi infancia y ser capaz de mirar a través de los ojos de entonces. Me gustaría sentir cómo vivía las experiencias. Qué suponían para mí esas situaciones que como adulta han perdido valor y cómo he llegado a darle tanta importancia a otras que son tan absurdas.

Por ahora aprovecho caulquier oportunidad para conectarme. Si estoy atenta, recibo enseñanzas por todas partes. Y así, cada día que comparto con mis alumn@s me voy a casa con un saquito lleno de reflexiones. 
En mi aula, cada tarde se producen situaciones que por pequeñas y sutiles que sean no quiero dejar escapar. Las registro y luego las llevo a mi taller mente-corazón para desgranarlas y observar todas sus partes. Juego a buscar qué pieza podríamos cambiar para que el resultado fuera mejor y, en cuanto tengo ocasión, pruebo a cambiarla por otra hasta que encuentre la que nos haga sentir mejor a tod@s.
Y es que tengo mucho que aprender pero poco a poco voy logrando cambios. Hay uno del que me siento muy orgullosa y lo quiero compartir; Rafa me enseña cada día tantas cosas que a veces no me da tiempo a asimilarlas. Hace dos años, con su ejemplo, me enseñó lo valioso que era admitir tus errores y pedir perdón a los niñ@s cuando te habías equivocado. Es algo que llevo haciendo con mis "maestr@s-alumn@s" desde hace más de un año; Si he llamado la atención erróneamente o he utilizado un tono del que no me siento orgullosa, paro la clase y le pido perdón públicamente a es@ chic@. La primera vez que lo haces se quedan un poco cortados, no estan acostumbrados a que un adulto les exprese las emociones tan abiertamente y encima admita haber errado. A mi me encanta hacerlo. Me gusta decírles bien alto mirándoles a los ojos: "Te pido disculpas por haberte contestado así. Quiero que sepas que te respeto y no me siento bien por haberte hablado de esa manera. Perdóname, ok?".......  - sólo he tenido que hacerlo tres veces en este año, pero algo tan sencillo puede cambiar la relación con es@ alumn@ y su actitud, al menos en tu clase. Una de las veces no conseguí conectar con la chica y eso me ha enseñado también que esto también es cosa de dos.

Y así es cómo voy perfilando este Arco Iris. Cada vez toma más forma de puente que conecta y lleva consciencia. Ójala lo consiga, ójala pueda aportar mi granito de arena para ayudarnos entre todos a avanzar hacia la luz. Sin los conflictos del ego, sin gritos ni llantos de dolor. Educando con el corazón para sembrar caminitos hacia la paz...

martes, 17 de febrero de 2015

Channel Nº4

Les llaman sufridor@s o sufrid@s, les reconocerás por el ensimismamiento en el que se encierran y por las grandes expresiones de su dramatismo. Dicen que son l@s que con más frecuencia bucean en el pozo, siempre sintiendo que el suyo es especialmente oscuro y que nunca terminarán de hallar su fondo.  Cuando deciden ver la cuerda, salen y hacen magia con sus cuerpos, con sus ojos, con sus voces, con sus manos…después de ingerir el veneno su alma les pide crear, crear, crear… y del lodo surge la belleza…la belleza que toca, que desgarra o que endulza, pero que hace tintinear los cimientos del otr@.

Les acusan de fabricar tormentas y de ser capaces de arrasar con sus tornados emocionales aquello que parecía indestructible. Explosiv@s, cohetes que truenan durante segundos y que luego se desvanecen y caen en el vacío que ell@s mism@s han provocado. Perdid@s, vagan exigiendo que alguien por fin comprenda la desazón que guardan dentro. Y castigan, y hieren, y rechazan aquello y a aquell@s que no califican como “autentico”. Y se castigan, y se hieren, y se rechazan cuando el espejo les muestra que ni ellos mism@s califican para ser autentic@s.

Les alaban por su capacidad de mirar a los ojos, por ver como ningún otr@ el dolor, por compartirlo de manera auténtica. Si bien son capaces de hacerlo por comparación con el suyo propio, al fin y al cabo lo comparten y acompañan desde el corazón.  Entienden el sufrimiento tanto, que piensan que es parte de su ADN y así a veces sienten lo que son, pero casi siempre piensan que son lo que sienten. Y así caminan….sintiendo que un día son y entonces ayer no fueron y mañana no saben si serán. Su brújula es su emoción y por eso giran tanto en torno a sí mism@s.

Les admiran por su magia que muchas veces es otra bien distinta a la que ell@s aspiran. Y no sólo aspiran. Su látigo no descansa. Primero siempre en ell@s y si no les sacia, entonces desde el pozo lanzan el látigo a l@s más cercan@s. Luego viene la culpa que alimenta el ensimismamiento y de nuevo se aíslan para purgar.

Les quieren aquell@s capaces de verles debajo de su tormenta. Necesitan que est@s les enseñen la bonanza que hay en ser normal. Necesitan que les apaguen la mecha con un cubo de realidad antes de estallar y que les ayuden a mirar al espejo con dulzura.  No podrán querer al de al lado hasta que no abracen a su reflejo. Pero lo intentan, lo intentan tanto que se pierden en al laberinto de la complacencia y se condenan a su deuda…hasta que estallan queriendo romper cadenas que ell@s mism@s forjaron.

En realidad son como tod@s, almitas enmascaradas caminando con la caja de herramientas que les tocó. Pero como se sienten “especialmente especiales”, les hice o mejor dicho; nos hice este regalito a l@s “cuatritos” que andamos buscando ser “especialmente normales”.

S.C.M.

Para mis compis de búsqueda I. I. y J., para R. que resiste a mi lado contra viento y marea y para los que decidieron  abandonar el barco porque mi tormenta rompió el lazo. Gracias

viernes, 13 de septiembre de 2013


Hace días volví a toparme con el brillo de tus ojos y el corazón me pidió aire para mirarlos. Siento que el águila que llevas dentro se ha hecho aún más fuerte desde que estás al otro lado.  Tal y cómo tú dijiste, estás aquí conmigo, por eso hoy quiero compartir nuestra historia. No sé si lograré sacarla del borrador, pero voy a intentarlo.

Vienen a buscarme. Hay un nuevo herido y debo acudir a su llamada. Se trata de un gran guerrero que aún postrado sostiene su lanza en la mano. Me explica que no atacará, solo intenta defenderse de ELA.
 Arrodillada a su lado busco la salida de su llaga. Es profunda y tiene mal aspecto. Los suyos me cuentan que hace tiempo que cayó herido y que él conoce su posición en el tablero. Lo miro y suspiramos juntos,  me alivia saberle conocedor de su destino.
Un gran águila planea sobre nosotros hasta posarse a su lado. Él sonríe y empieza a hablar con mi mente, como ya apenas hacen los humanos. Entonces entro en sus ojos y me muestra la humildad de su espíritu, me guía hasta su corazón y prepara allí un té para mis manos. Pronto llegan más animales y todos encuentran su lugar alrededor del fuego. Es un sitio tranquilo, nadie diría que estamos en un campo de batalla.
Sin previo aviso una burbuja estalla en nuestro mar de calma y la  fuerte sacudida me lanza fuera tratando de apartarme de su lado. Juntos vencemos la embestida y, una vez a salvo, tomo mi decisión: lucharé con él hasta dónde su honor lo permita.
Y así empieza la aventura, cada día avanzo serena hasta la cumbre donde se resguarda. La herida no curará, pero eso no cambia nada.
Al llegar esta mañana siento que en la noche lidió una dura batalla pues su espíritu vaga, aún agitado, buscando salida a la emboscada.
Aún así, saluda con una sonrisa, ELA todavía le permite las muecas, pero los que hablan son sus ojos. Avanzo unos pasos y tomo su cuerpo de guerrero marchito. El veneno del enemigo ha dejado sus piernas rígidas, pero con la magia de otros le muestro cómo romper el hechizo, entonces su alma toma mi mano y juntos viajamos hacia la realidad de esta tierra. Sus ojos de águila me muestran lo enferma que vive esta esfera y su corazón de guerrero me empuja a comprometerme, a jurar lealtad a mi espíritu, a permanecer siempre alerta y luchar por la esencia. Y con ese juramento él hace otro a mi favor: Jura acompañarme desde el otro lado.
Y así comienza la despedida. Cerramos un capítulo compartiendo plano. Nos tomamos las manos y el guerrero derrama algunas lágrimas. Yo lo abrazo. Él quisiera abrazarme, pero ELA no le deja. Encuentro al hombre dentro del guerrero y su verdad y la mía quedan selladas en el universo.
Me vuelvo hacia su gente, su guardia nunca lo abandona. Noche y día el refugio está lleno de ojos limpios sin corazas que lo cuidan. Aprendo de ellos. Comienzo a entender el sentido de lealtad y amor incondicional que respiran esta tribu, el amor que domina y vence frente al abismo, sacrificado y aún así celebrado y aplaudido. El amor más limpio y generoso: el respeto leal y absoluto hacia su guerrero.
Y esa noche celebra el guerrero su partida. Haciendo gala del valor más humilde.
Su legado permanece a este lado, grabado con fuerza en el corazón de todos los que le compartimos. Marcha sonriente, regalándonos a todos sus últimos suspiros.

Era humano, con carácter y seguro que algún rincón sombrío. Pero para mi fue luz en un pasaje oscuro y así le recuerdo y le describo.
A Daniel Mateo Martinez y a toda su tribu ;-)